martes, 30 de octubre de 2012

UNIDAD V- TEATRO DEL SIGLO XX- JACOBO LANGSNER

Antonio Gasalla en la versión fílmica de "Esperando la carroza"

JACOBO LANGSNER

Fecha de Nacimiento: 23 Junio 1927

País: Rumania

Nacionalidad: uruguayo

Biografía

Jacobo Langsner, dramaturgo de fuerte presencia en el teatro uruguayo a partir de 1950.
Nacido el 23 de junio de 1927 en Romuli, Rumania, desde los tres años reside en Montevideo.
Se ha convertido en un autor rioplatense con éxitos tanto en teatro como en cine (la adaptación cinematográfica de Esperando la carroza y de "Una margarita llamada Mercedes" (que en cine se llamó Besos en la frente) y en TV.

Su estilo impregnado de humor negro saca a la luz los absurdos e hipocresías de una cierta mentalidad popular.



Teatro:


El hombre incompleto - Sala Verdi, Montevideo,1951
El juego de Ifigenia - Teatro Solís, Montevideo, 1953
Los artistas - Sala Verdi, Montevideo 1954
Los elegidos- Estreno simultáneo en Buenos Aires y Montevideo, 1958
Esperando la carroza - Comedia Nacional, Montevideo, 1962
Ocho espías al champagne - Sala Verdi, Montevideo 1971
El tobogán - Teatro Odeón, Montevideo, 1973 dirigida por Omar Grasso con China Zorrilla
Una corona para Benito - Compañía China Zorrilla. Teatro Odeón, Montevideo 1973
El terremoto - Compañía Virginia Lago, Buenos Aires
La gotita - Compañía Brandoni-Bianchi, Buenos Aires

En el año 1975 viaja a Madrid donde permanece por espacio de siete años, durante los cuales se estrenan Esperando la carroza, en el Teatro del Centro y Paternoster en el Teatro Payró en el año 1981.

Regresa al Uruguay en 1981.



1981 La planta - Comedia Nacional, Montevideo



1984 Una margarita llamada Mercedes - Compañía China Zorrilla

De mis amores con Douglas Fairbanks - Teatro El Galpón, Montevideo 


1992 Locos de contento - Compañía Oscar Martínez- Mercedes Morán.

Otros paraísos - Norman Briski y Cristina Banegas, Teatro Municipal Gral. San Martín, Buenos Aires y Comedia Nacional, Montevideo.

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LA OBRA TEATRAL (1962)

ESPERANDO LA CARROZA- JACOBO LANGSNER


"Esperando la carroza" es una comedia teatral de Jacobo Langsner, pero con la particularidad de que en nuestro país no fue ni es cualquier comedia; ya veremos por qué.
Estrenada en Montevideo, el 12 de octubre de 1962 en la sala Verdi de la Comedia Nacional. La versión porteña se estrenó en Octubre de 1975 en el Teatro Centro donde estuvo en cartel, de lunes a sábados hasta Mayo de 1976. Pero es cuando llega al cine en 1985 con dirección de Alejandro Doria y guión adaptado de este y Jacobo Langsner que la obra, podríamos decir, se vuelve un clásico.
Se suele clasificar a "Esperando la carroza" como "grotesco costumbrista", pero a nuestro criterio y si se permite una nueva clasificación podríamos decir que "Esperando la carroza" es una "comedia de reproches", más exactamente una "comedia de reproches familiares".
A pesar de que no hay casi nadie que no conozca la historia de esta pieza teatral de Jacobo Langsner que el cine, como dijimos, terminó de inmortalizar, no está de más refrescar la memoria.
Es la historia de tres hermanos (Jorge, Sergio y Antonio) con sus respectivas esposas (Susana, Elvira y Nora) que no quieren hacerse cargo de su madre octogenaria (Mamá Cora) y como se dice vulgarmente "se pasan la pelota" unos a otros con tal de no llevar a vivir a Mamá Cora con ellos; es decir nadie se quiere hacer cargo de la anciana.
La acción transcurre en casa de Sergio y Elvira un "plácido domingo familiar" (a decir de Antonio) que toma exactamente el rumbo opuesto a lo que Antonio sugería: Mamá Cora desaparece y todos la dan por muerta, entonces la velan en esta casa (el cuarto de la Matilde exactamente, la hija de Sergio y Elvira), pero por un "error" no es a Mamá Cora a quien velan sino a una desconocida (una húngara exactamente) resultando que Mamá Cora está viva y aparece al final de la obra para darle un cierre de características desopilantes que no deja de rayar con lo grotesco y reflexivo. 
Mientras esto (que podemos decir es la historia principal) acontece se irán tejiendo y destejiendo entre hermanos, cuñadas y cuñados vínculos y asociaciones que serán para decirlo claramente: desastrosos. Saldrán a luz celos, recelos, envidias, críticas, engaños, sin ningún tipo de miramientos o alicientes sino de una forma directa y frontal, es decir: reproches. Por esto rebautizamos a esta comedia como "comedia de reproches familiares".
LA PELÍCULA (1985)
Antes se dijo que "Esperando la carroza" no es cualquier comedia, y efectivamente no lo puede ser para ningún argentino después de la versión cinematográfica (1985) donde los personajes creados por Langsner se inmortalizaran en Julio De Grazia (Jorge), Mónica Villa (Susana), Juan manuel Tenuta (Sergio), China Zorrilla (Elvira), Luis Brandoni (Antonio), Betiana Blum (Nora) y la inolvidable caracterización y actuación de Antonio Gasalla (Mamá Cora) que se perpetuó como personaje emblemático hasta nuestros días. Por esta razón podríamos asegurar que no hay persona que haya visto "Esperando la carroza" que no encuentre identificación con estos personajes tan pototípicos de una clase media en baja, o que no haga suyo alguno de los parlamentos de los personajes: ¿quién no recuerda "yo hago ravioles, ella hace ravioles" o "¿Sabés qué tenían para comer?... tres empanadas"? entre algunas de las tantas. Esta es una obra que más allá de la temática (que no pierde vigencia en nuestro país) que es la situación del desplazamiento o "descarte" de la tercera edad, está tanto en la cabeza como en el corazón de la gente.



Texto realista, que combina el grotesco, la sátira, el humor negro, la ironía con una despiadada crítica a la clase media, sus costumbres, vínculos, hiprocresías.

Una típica comedia costumbrista en la que abundan las confusiones y situaciones entre parientes que discuten en medio del velorio de Mamá Cora, la abuela que supuestamente se habría suicidado tirándose a las vías de un tren.


Una amarga sátira de la idiosincrasia rioplatense, la realidad de la década del 70 y el desplazamiento de los miembros de la tercera edad. 
Curiosidades:


*La pelicula estrenada el 6 de mayo de 1985 esta inspirada en la obra de teatro homónima de Jacobo Langsner estrenada por nuestra Comedia Nacional en 1962, dirigida por Sergio Otermin. Se convirtió en rotundo éxito teatral años más tarde en la versión del Teatro Circular bajo la dirección de Jorge Curi, extendiéndose por 7 años el éxito en cartel. 


* La pieza teatral se estrena en 1975 en la República Argentina en el Teatro del Centro.

* La primer adaptación de Esperando la Carroza para televisión se realizo en 1978 en Canal 9, aquella versión la protagonizaban China Zorrilla, Pepe Soriano, Raúl Rossi, Dora Baret, Alberto Argibay, Lita Soriano, Alicia Berdaxagar, Marta Gam y Hedy Crilla, la gran maestra de actores, en el papel de Mama Cora. Aquí China Zorrilla personificaba a Susana, papel que luego haría Mónica Villa en cine.


* Los productores y actores tenían sus dudas con respecto a la película por las críticas negativas que recibió de parte de la prensa antes del estreno para publico, sin embargo el filme se convirtió en un éxito impensado, tanto que los diálogos de la película han impuesto latiguillos y expresiones que se han incorporado al acerbo popular argentino.http://es.wikiquote.org/wiki/Esperando_la_carroza


* El personaje Mamá Cora, originalmente fue ofrecido a Niní Marshall y luego que esta lo rechazó, lo realizó Antonio Gasalla.

*La película representó a la Argentina en el Festival de Cine de San Sebastián en 1985.


*En esta película se ve un guiño a la película La nona (1979), donde también un hombre (Pepe Soriano) interpreta a una anciana abuelita (La nona).


*La casa donde transcurren las principales escenas, se encuentra en el barrio de Versalles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la calle Echenagucía, muy cerca de la plaza Ciudad de Banff, y fue declarada "Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires".


* Todos los 31 de diciembre la televisión cubana recibe el año nuevo con la proyección de esta película.


* Esperando la Carroza se convirtió en la película fetiche de la comunidad gay rioplatense.


* En la adaptación que Alejandro Doria lleva al cine el personaje de Mamá Cora toma más relevancia llevando el eje de la historia.



Ver la película completa:

http://www.youtube.com/watch?v=J_X0qxVCzZk

miércoles, 10 de octubre de 2012

UNIDAD 4. NARRATIVA LATINOAMERICANA. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ



 

María José Larre Borges
Trabajo presentado en el VII Congreso de la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay, Nueva Helvecia, Colonia, setiembre de 2012
Gabito a los siete años



Gabo a los dieciséis
De Gabito a Gabo
La biblioteca fundacional de un novel escritor
El caluroso y temperamental Caribe colombiano de los años 30 y 40 vio crecer a un niño, como todos, único. Sus primeras influencias literarias se encuentran, curiosamente, no en los libros, sino en las figuras dominantes de sus abuelos -dos modos de interpretar y contar la realidad- el papel fundante de la primera generación que nació con el cine sonoro, los siempre presentes boleros –“canciones que eran poemas”- y el contacto con los cuentos de hadas. Vendrían luego dos libros esenciales, a tempranísima edad, los primeros: el ya mítico diccionario de “Papalelo” y Las mil y una noches. Realismo y magia.  Más tarde, la escolarización. Pero ya no es Gabito ni Gabo. Es Gabriel.
La pregunta motivadora de esta ponencia, será, entonces: ¿qué tempranas lecturas fueron modelando la sensibilidad de Gabriel García Márquez, familiarizándolo con géneros, temáticas y estilos, construyendo, al fin, su peculiar subjetividad? 
 


Cierto pero de otro modo
“Porque las cosas que contaba les parecían tan enormes que las creían mentiras, sin pensar que la mayoría eran ciertas de otro modo.” (…) “Sólo años después me enteré que el doctor Barboza –vecino y amigo de la familia- era el único que me había defendido con un argumento sabio: “Las mentiras de los niños son señales de un gran talento.” Así recuerda, en sus Memorias, el escritor ya anciano al niño que fue en los años treinta: una inagotable fuente de relatos inverosímiles, pero, vaya paradoja, verdaderos.
Todo empezó en la casa natal, en Aracataca. “No puedo imaginarme un medio familiar más propicio para mi vocación que aquella casa lunática, en especial por el carácter de las numerosas mujeres que me criaron.”(…) “La abuela, por su parte, llegó a la conclusión providencial que el nieto era adivino.” (…) “Ahora pienso que no eran infamias de niño, (…) sino técnicas rudimentarias de narrador en ciernes para hacer la realidad más divertida y comprensible.” Como dice su biógrafo oficioso, Gerald Martin: “tal vez ningún escritor contemporáneo plantee en su obra con tanta convicción y tan misteriosamente, la relación entre la verdad, la ficción, la verosimilitud y la sinceridad como lo hace él.”
El abuelo Nicolás Márquez fue el personaje fundamental de la infancia del escritor; solía contarle historias y enseñarle el mundo circundante: las plantaciones de banano, los sobrevivientes de la guerra, los efectos de la explotación bananera, la matanza de los trabajadores de la United Fruit Company, ocurrida a manos del ejército en la estación ferroviaria de la vecina Ciénaga, en diciembre de 1928. Un día lo condujo de la mano al comisariato de la compañía bananera, hizo abrir una caja de pargos congelados y le enseñó el hielo.
El coronel, a quien Gabriel llamaba "Papalelo", describiéndolo como su “cordón umbilical con la historia y la realidad”, la figura más importante de su vida, fue también un excelente narrador y le enseñó, por ejemplo, a consultar frecuentemente el diccionario, lo llevaba al circo cada año y fue el primero en introducir a su nieto en el “milagro” del hielo, que se encontraba en la tienda de la compañía bananera. Frecuentemente decía: “Tú no sabes lo que pesa un muerto”, refiriéndose así a que no había mayor carga que la de haber matado a un hombre, lección que García Márquez más tarde incorporaría en sus novelas. “Fue el primer caso de la vida real que me revolvió los instintos de escritor y aún no he podido conjurarlo.”
Su abuela, Tranquilina Iguarán Cotes, a quien García Márquez llama la abuela Mina y describe como "una mujer imaginativa y supersticiosa" que llenaba la casa con historias de fantasmas, premoniciones, augurios y signos, fue de tanta influencia en el futuro escritor como su marido, e incluso es señalada por el escritor como su primera y principal influencia literaria, pues le inspiró la original forma en que ella trataba lo extraordinario como algo perfectamente natural cuando contaba historias y como sin importar cuán fantásticos o improbables fueran sus relatos, siempre los refería como si fueran una verdad irrefutable. Además del estilo, la abuela Mina fue una de las musas del personaje de Úrsula Iguarán, amalgama también, seguramente, de las influyentes Tías Pa, Nana y Mama.
Cada vez que la película le parecía apropiada, el abuelo compartía con Gabito una función de cine. Al día siguiente, le hacía contar la película en la mesa, le corregía los olvidos y errores y lo ayudaba a reconstruir los episodios difíciles. “Eran atisbos de arte dramático que sin duda de algo me sirvieron, sobre todo cuando empecé  a dibujar  tiras cómicas desde antes de aprender a escribir.”
Fue también Papalelo que lo puso en contacto por primera vez con la letra escrita a los cinco años, al consultar el diccionario por primera vez para conocer, luego de ver un ejemplar circense, la diferencia entre un dromedario y un camello.
“-Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca”.(…)
“-¿Cuántas palabras tendrá?- pregunté.
-Todas- dijo el abuelo.”
“La verdad es que yo no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba. (…) Sin embargo, cuando el abuelo me regaló el diccionario me despertó tal curiosidad por las palabras que lo leía como una novela, en orden alfabético y sin entenderlo apenas. Así fue mi primer contacto con el que habría de ser el libro fundamental en mi destino de escritor.”
Entre la colonia de venezolanos que poblaban el pueblo, estaba Misia Juana de Freytes, “una matrona rozagante que tenía el don bíblico de la narración. El primer cuento formal que conocí fue “Genoveva de Bragante”, y se lo escuché a ella junto con las obras maestras de la literatura universal, reducidas por ella a cuentos infantiles: la Odisea, Orlando furioso, Don Quijote, y muchos episodios de la Biblia”. “La voracidad con que oía los cuentos me dejaba siempre esperando uno mejor al día siguiente, sobre todo los que tenían que ver con la historia sagrada.” A los cuentos clásicos, la fantástica caraqueña le añadía una novedad: todos sucedían en su añorada ciudad, y los “malvados” eran los oficialistas, mientras que los “buenos”, los opositores como ella y su familia, todos bien identificados.
Un domingo, luego de la visita con su abuelo a la casa del belga, un veterano de la Primera Guerra que se había suicidado y de la impresión que le causara ver el cuerpo muerto, Gabito comentó:
-          El belga ya no volverá a jugar ajedrez.
“Fue una idea fácil, pero mi abuelo la contó en familia como una ocurrencia genial. Las mujeres la divulgaban con tanto entusiasmo que durante algún tiempo huía de las visitas por el temor de que lo contaran delante de mí o me obligaran a repetirlo. Esto me reveló, además, una condición de los adultos que había de serme muy útil como escritor: cada quien lo contaba con detalles nuevos, añadidos por su cuenta, hasta el punto de que las diversas versiones terminaban por ser distintas de la original.”(…) “Hoy me doy cuenta, sin embargo, de que aquella frase tan simple fue mi primer éxito literario.”
La relación con el abuelo no sólo le aportó el afecto y seguridad de que gozó en su infancia, sino una dimensión narrativa, épica y reveladora del mundo. La relación con la abuela y las tías, aunque igualmente dentro de una dimensión narrativa, supuso, por el contrario, una visión hogareña, intimista y fantasmagórica de la vida. Tranquilina Iguarán Cotes, una guajira descendiente de gallegos, se movía en un mundo de fronteras difuminadas entre vivos y muertos, y sólo estos merecían la atención de sus relatos. Entre las numerosas tías del escritor, destaca Francisca Simodosea Mejía (la ya mencionada Tía Mama), quien prácticamente lo crió y le transmitió una visión esmerada de la cultura autóctona. “En medio de aquella tropa de mujeres evangélicas, el abuelo era para mí la seguridad completa.”
La prima Sara Emilia Márquez, también criada por los abuelos, “tenía una personalidad fuerte que me abrió mis primeros apetitos literarios  con una preciosa colección de cuentos de Calleja, ilustrados a todo color, al que nunca me dio acceso por temor de que se la desordenara. Fue mi primera y amarga frustración como escritor.” Fue el esposo de Sara, José del Carmen Uribe Vergel, precisamente el primer escritor que conoció Gabito en su vida: “de inmediato quise ser igual a él, y no estuve contento hasta que la tía Mama aprendió a peinarme como él.”.
“Aprende a leer y escribir en 1935, a los ocho años, en la Escuela Montessori -por el que el estudiante es protagonista desde su experiencia y creatividad singular- fundada por Rosa Elena Fergusson, su primer amor. Allí  “estudiar era algo maravilloso como aprender a estar vivos” que le contagia su fervor por la poesía del Siglo de Oro español.  Su primera forma de expresión, empero, fue el dibujo, motivado por las historietas que conoció en los periódicos del coronel. No en vano el autor explica el inicio de su proceso creativo a partir de la visión de una imagen fuerte. “Me costó mucho aprender a leer, pero la maestra me enseñó los sonidos y no los nombres de las consonantes.”
Un día, mientras revuelve el cuarto donde los abuelos guardaban los cachivaches y recuerdos, Gabito encuentra un libro sin tapas. Era “Las mil y una noches”, donde Scherezade tiene la misma forma de narrar “a cara de palo” de la abuela. Desde entonces la lectura le fascina más que jugar, comer o pintar. Luego lee a Perrault, los hermanos Grimm, Dumas, Salgari y Verne.
Barranquilla y Gabriel Eligio
“Por su lado más admirable y conmovedor, papá fue un autodidacta absoluto, y el lector más voraz que he conocido, aunque también el menos sistemático.(…) En esa época hablamos de libros leídos y por leer, e hicimos en los puestos leprosos del mercado público una buena cosecha de historietas de Tarzán, Buck Rogers, Benitín y Eneas y de detectives y guerras del espacio.”
Gabito también fue ávido espectador, especialmente de las películas argentinas de Gardel y de Libertad Lamarque.
“Dos libros fueron mi droga feliz en aquellos años pedregosos: “La isla del tesoro” y “El Conde de Montecristo”. En cambio, no encontró el encanto prometido por su  maestro en la lectura del Quijote. “Hice otras tentativas en el bachillerato, donde tuve que estudiarlo como tarea obligatoria, y lo aborrecí sin remedio, hasta que un amigo me aconsejó que lo pusiera en la repisa del inodoro y tratara de leerlo mientas cumplía con mis deberes cotidianos. Sólo así lo descubrí, como una deflagración, y lo gocé al derecho y al revés hasta recitar de memoria episodios enteros.”


En Barranquilla, reconoce, comenzó su calvario eterno a causa de la ortografía, “que sigue asustando a los correctores de mis originales. Los más benévolos se consuelan con creer que son torpezas de mecanógrafo.”
Al terminar la primaria en la escuela Cartagena de Indias de Barranquilla, en 1940 comenzó los estudios de secundaria en el colegio jesuita de San José. Al calor de la revista del colegio y del ambiente intelectual y literario propiciado por los jesuitas, escribió sus primeras prosas y versos: “Crónicas de la Segunda División”, “Instantáneas de la Segunda División”, “Desde un rincón de la Segunda” y “Bobadas mías”. Publicadas en la revista Juventud y firmadas con los nombres de Capitán Araña, Gabito y Gabriel García. Estas primeras prosas y versos sólo pretendían ser humoradas, con las que ejercía el mamagallismo costeño – humor satírico, sin intenciones de ofensa sino de pura broma- costeño con sus condiscípulos y criticaba el ambiente monacal del colegio. A pesar de ser ya un lector ensimismado, el adolescente Gabo se sentía todavía más inclinado hacia el dibujo y la pintura: fue el encargado de las ilustraciones de la revista Juventud durante esos años.
“Además de escribir mis bobadas, hacía de solista en el coro, dibujaba caricaturas de burla, recitaba poemas en las sesiones solemnes, (…) que nadie entendía a qué horas estudiaba. La razón era la más simple: no estudiaba.” Tuvo de diagnóstico una fatiga nerviosa agravada por leer después de las comidas, y se le reglamentaron sus lecturas.
Fueron los años en el Colegio San José quienes le dieron la base retórica para soltar sus duendes, de la mano del movimiento poético Arena y Cielo, quienes se proponen renovar la poesía caribeña inspirados en su similar colombiano y grandes admiradores de Neruda y Juan Ramón Jiménez.
Zipaquirá: la soledad y el frío de los Andes, el encierro y otra vez: la lectura
Los últimos años de Secundaria los cursa en Zipaquirá, una pequeña ciudad colonial a 50 kilómetros al noroeste de Bogotá. No es tan malo, cada noche, un profesor lee en voz alta, primero durante media y luego una hora, un capítulo de “La montaña mágica” (que fue un gran éxito de “escuchas”), “Los tres mosqueteros”, “Madame Bovary” y otras novelas. Recuerda Gabriel al primer escritor que escuchó en estas noches: Mark Twain. 
Gracias al colegio y a los jóvenes profesores progresistas que orientan sus lecturas, se vuelve, literalmente y otra vez, loco por la literatura. Su voracidad lectora de los clásicos universales, sumada a la lejanía de la familia y a un carácter introspectivo, hicieron el resto. En sus encierros de fin de semana, lee toda la biblioteca, donde descubre, por ejemplo, a Dostoievsky, Fournier, De Amicis, José Eustasio Rivera, San Juan de la Cruz, Rómulo Gallegos, “todo lo bueno y todo lo peor que se había escrito en Colombia” y, por siempre, el diccionario del abuelo –“más infalible que el Papa de Roma”- que leía a trozos durante horas. “Nunca entendí por qué “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” de Federico Engels se estudiaba en las áridas clases de economía política y no en las clases de literatura, como la epopeya de una bella aventura humana”, dice Gabo.
Fue el tiempo de sus primeros discursos: uno preparado especialmente en y para el Secundario, una oración fúnebre y una arenga espontánea –la única de su vida- en la plaza pública celebrando el fin de la Segunda Guerra Mundial.
“Para mí, la literatura es poesía”
La formación literaria de García Márquez sería esencialmente poética hasta los veinte años. El movimiento poético “Piedra y cielo” está de moda. Carlos Martín, el benjamín del grupo, es rector del liceo hasta que lo echan. Antes, introduce a Gabo en la obra de Rubén Darío, cuya niñez tiene mucho parecido con la suya.  “Eran los terroristas de la época. Me aportaron el elemento de rebeldía contra el academicismo. Cuando vi lo que estos poetas se atrevían a hacer, me sentí alentado para seguir en la Literatura.” Martín hizo hincapié, sobre todo, en la vida y en la obra de Rubén Darío, que tendría una influencia notable en García Márquez, e invitó a los jefes de Piedra y Cielo a que visitaran Zipaquirá.
Con motivo de esta visita,  Gabo no sólo tuvo ocasión de conocer a Eduardo Carranza y a Jorge Rojas, sino que escribió a cuatro manos el primer reportaje de su vida, publicado en la Gaceta Literaria, órgano de expresión del grupo de «centro literario de Los Trece», al cual pertenecía él mismo. Eduardo Carranza, que dirigía entonces el suplemento literario de El Tiempo de Bogotá, le publicó, a finales de aquel año, un poema piedracielista titulado “Canción”, que, aunque firmado con el seudónimo de Javier Garcés, puede considerarse la primera publicación literaria de García Márquez. Durante ese mismo año, apareció en la misma Gaceta Literaria el primer texto lírico con cierta intención creativa que se conoce del escritor: “El instante de un río”.
Lector y hacedor de poemas modernistas y piedracielistas, Calderón Hermida se encargó, sin embargo, de encaminar a su alumno por el rumbo de la prosa. Además de los clásicos –Homero, Virgilio, Sófocles, Dante, Shakespeare, Tolstoi- se familiariza nuevamente con lecturas tan disímiles como las del siglo de Oro, la literatura colombiana y las profecías de Nostradamus. El “castigo” cada vez que comete una falta disciplinaria, es escribir un cuento. El primero se llama “Psicosis obsesiva” y tiene rasgos kafkianos, aunque Gabo no conoce aún a este autor. Se trata de las peripecias de una niña de siete años que se convierte en mariposa. El título que refleja la influencia de las lecturas de Freud de esa época.
Con un gran acerbo de lecturas, una buena cosecha de poemas piedracielistas (“La espiga”, “La muerte de la rosa”, “Si alguien llama a tu puerta”, “Tercera presencia del amor”); un excelente dominio del dibujo y la convicción de que algún día sería poeta, García Márquez terminó el bachillerato en Zipaquirá a finales de 1946 como el número uno de su promoción con un libro especial, que el propio narrador define de “inolvidable”: “Vidas de filósofos ilustres, de Diógenes Laercio”.
Como muestra, vayan en homenaje los dos últimos tercetos del “Soneto matinal a una colegiala ingrávida”, dedicado supuestamente a quien será por siempre su esposa, Mercedes, “el cocodrilo sagrado”, aunque el escritor, pícaro, nunca lo haya confirmado ni desmentido:
“Si se viste de azul y va a la escuela,
no se distingue si camina o vuela
porque es como la brisa, tan liviana

que en la mañana azul no se precisa
cuál de las tres que pasan es la brisa,
cuál es la niña y cuál es la mañana.”

O el final del Soneto Casi insistente en una noche de serenata, cuya huella imborrable de Darío y Neruda se percibe a lo lejos:

“Quiero querer con música. Y quiero
que me quieran con tono verdadero
casi en azul y casi eternamente.

Será porque ese ritmo me arrebata,
o tal vez porque oyendo serenatas
me duele el corazón musicalmente.”

Zipaquirá, más allá de los libros, es lindera con Bogotá, época en que Gabo vio nacer “la violencia”, como se la conoce eternamente en Colombia, y del que “La mala hora” será, de sus obras, su más fiel testimonio epocal.
Nueve meses después de culminado su Bachillerato y, a punto de cumplir veinte años, ve publicado su primer cuento en el prestigioso diario “El Espectador” y comienza a vivir del periodismo y a escribir sin pausa y sin remedio. Y vendrá el contacto con los grandes renovadores la narrativa contemporánea. Y la consagración. Ya no es Gabito ni Gabo. Es Gabriel.
Gabito, nieto e hijo de mujeres fantasiosamente prácticas, nieto e hijo de hombres vehementes y aventureros, Gabo será, ya desganado universitario, caribe musical y parrandero, Gabriel, loco literalmente, como aquel otro, por los libros. García Márquez, hijo literario de prolífera ascendencia, pero sobre todo de una extraña pareja: el maestro del cuento, al sur del Mississipi, y la estupenda británica de casto nombre: William y Virginia.                           ________________________________________
Bibliografía:
García Márquez, Gabriel. Vivir para contarla. Random House Mondadori, Buenos Aires, 2010.
Martin, Gerald. Gabriel García Márquez. Una vida. Sudamericana, Buenos Aires, 2009.
Mendoza, Plinio Apuleyo. Aquellos tiempos con Gabo. Plaza & Janés. Barcelona, 2000.
Saldívar, Dasso. García Márquez. Viaje a la semilla. La biografía. Santillana, Madrid, 1997.





El abuelo, "Papalelo" (Coronel Nicolás Márquez)

La abuela Tranquilina Iguarán  ("Mina"... ¿algo de Úrsula, tal vez?)


Un poco de humor

¡Mil disculpas, don Pablo!

martes, 21 de agosto de 2012

UNIDAD 3. POESÍA DEL SIGLO XX. MOVIMIENTOS DE VANGUARDIA.


LA LITERATURA DEL SIGLO XX. LOS MOVIMIENTOS DE VANGUARDIA.

El siglo XX determinó en las estructuras y sistemas sociales cambios profundos que se reflejaron en la vida de los hombres y, así, en el arte que ellos crearon. El sentimiento del hombre occidental era el de estar viviendo un cambio sin precedentes. No hay un solo aspecto de la realidad y un solo dominio del espíritu al que no alcance esa mutación. Es lógico también que el hombre se resista al cambio. No es fácil para un mismo individuo pasar de Manet a Piccaso, de Baudelaire a los surrealistas, de Beethoven a Stravinsky, de Dumas a Bradbury. Hasta el siglo XX el mundo era un vasto continente cuyos límites alejábamos sin cesar a medida que se exploraba el planeta. Sin embargo se sabía que las tierras desconocidas estaban sometidas a las leyes de las conocidas. El progreso de nuestro conocimiento era la verificación de nuestras hipótesis acerca de la estructura general de las cosas.
Hoy los viajes espaciales ya no nos dan esas garantías. No podemos dejar de mencionar aquí los avances en el campo de la Física con Einstein, quien modifica la teoría newtoniana d e la gravitación universal que sostenía que el tiempo y el espacio son entidades absolutas. La teoría de la relatividad afirma que el espacio es infinito (curvo) y el tiempo relativo.
La ciencia contemporánea es un racionalismo abierto y está dispuesta a abandonar la lógica y la causalidad por nuevas posibilidades superrealistas.
Así Freud desconfía de las fuerzas de la conciencia, autocontrol y libre albedrío. Nos dice que el hombre es una suma de conflictos que, en la mayor parte de los casos, no puede dominar desde su conciencia pues está gobernado por el subconsciente.
El avance acelerado de las ciencias cambia el panorama del mundo. Y este avance influye de manera directa en la marcha del pensamiento.
El siglo XX fue una etapa engendradora de ansias y sus quince primeros años fueron una novedad, como lo fueron en su tiempo el Barroco o el Sturm und Drang.
En el campo político desaparecen los partidos moderados produciéndose una radicalización política de los partidos que reaccionan contra los principios del racionalismo y el parlamentarismo (bolchevismo, fascismo,etc.). Muchos intelectuales se muestran partidarios de estas formas autoritarias que ofrecen seguridad y rechazo a lo cambiante.
El gran fenómeno espiritual que cambia la vida a fines del siglo XIX es la movilización del espíritu contra el mecanicismo y determinismo de las ciencias naturales.
Se llega al caos psíquico de un mundo de dobles personalidades que se enfrenta a una realidad deshecha en fragmentos.

El artista del siglo XX

Todo artista se enfrenta a una realidad objetiva. Las relaciones entre el arte y la vida son estrechas y son relaciones de dependencia y creación. Es el mundo quien proporciona el material; a partir de él, el artista crea.
Desde el Renacimiento el arte no se apartó de la tradición naturalista; se ha oscilado desde allí entre formalismo e informalismo. El arte tradicional pintaba un mundo figurado, el de la apariencia estética, el de la representación simbólica de la realidad que se enfrenta a la vida como reflejo o alegoría.
Pero en el siglo XX la exigencia de que el arte sea sincero para la vida ya no tiene razón de ser. La tesis no hay abismo que medie entre el arte y la vida sustenta al arte de este siglo. El arte intenta pasar directamente a la vida fundiéndose con ella. Se renuncia a toda ilusión de realidad. Este arte ya no es reproducción de la naturaleza; su relación con la naturaleza es la de violarla.
Los artistas expresan su visión de la vida mediante una deliberada deformación de los objetos naturales. La realidad está allí, fuera del artista. Ellos se preocuparon de ver si es unívoca o multívoca cediendo a la multiplicidad externa de la cual tienen clara conciencia y sintiendo un ansia de ver una realidad detrás de esta realidad.
Ante las obras del siglo XX percibimos que nos hallamos ante un segundo mundo, un supermundo, que por muchos rasgos de la realidad común que puedan exhibir representa una forma de existencia que sobrepasa y no es compatible con esta realidad. Para ellos lo irreal es tan real como lo real.
Filósofos como Nietzsche influirán con sus postulados en los artistas y, sobre todo, en los literatos. Siguiendo ideas de Heráclito pensará que el “mundo de las apariencias” es el único real: el “mundo verdadero es únicamente añadido por la mentira”.
A fines del siglo XIX el arte detonante fue la pintura, concretamente la de los impresionistas. La transición en la plástica se da con Cézanne quien está precedido por artistas con un mensaje pictórico donde predomina la línea y el color y donde se representan hechos humanos. Sin embargo, él dirá: “El mundo es lo real que yo veo con mis ojos, pero detrás de lo que yo veo hay otro mundo no humano, el de la luz”. La realidad no humana no es captable ya por los sentidos, sino mediante parpadeos, por un método sugestivo contagioso. El pintor impresionista registra e inmediatamente capta la sensación. A partir de esta respuesta del impresionismo hay toda una variedad de interpretaciones de la realidad, de respuestas.
 
Las que siguen son algunas de esas respuestas:
  • El artista del siglo XX tiene que traducir sus impresiones almacenadas y las vuelve a acomodar en un caleidoscopio fragmentario tomando aspectos de la realidad apariencial. El Realismo del siglo XIX desintegraba la realidad en fragmentos y los presentaba. El surrealismo toma los fragmentos y los reordena con un orden nuevo. Es significativa la definición del poeta Lautréamont, tomada como bandera por el movimiento surrealista: “El arte es el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección”.
  • Se burlan de una comprensión lógica del mundo y crean por medio de yuxtaposiciones o analogías jamás escuchadas. La apariencia real del mundo visible no tiene importancia primaria.
  • Víctimas de disociaciones íntimas propician la asociación de ideas mecánicas por medio de la introspección, desesperando por encontrar, dentro o fuera, un sistema ordenado. Todos tienden a buscar un terreno serio y firme ante la movilidad de la vida.
  • El gran tema del arte fue el arte mismo en todas sus variantes. La pintura es el tema de la pintura; la palabra es el tema de la literatura. La palabra es la protagonista porque la anécdota no interesa.
  • En música el sonido desplaza a la melodía. Hay una intención de componer desde la inteligencia y no desde las emociones disminuyendo el contenido sentimental de las obras.
  • Los artistas se dejan influir por el psicoanálisis, estudio del subconsciente. La literatura centrará su atención en las contradicciones del alma humana. Surge además lo maravilloso psíquico, se exploran los mecanismos del sueño y la introspección, se practica la libre asociación de ideas y el automatismo psíquico
LOS MOVIMIENTOS DE VANGUARDIA.
Los movimientos de vanguardia son los movimientos fundacionales del arte del siglo XX. La palabra vanguardia para designarlos llega al español del francés “Avant garde” y designa, en lenguaje militar, a las fuerzas de avanzada en el combate, a las que pelean delante, hacen reconocimiento del terreno, movimientos de avance y tanteos.
La metaforización del término es afortunada porque nunca antes se dio el fenómeno de todo un grupo en total beligerancia y ruptura, no sólo con el arte anterior, sino con la sociedad misma. Se rebelan contra el cánon artístico tradicional, contra las ideas estéticas anteriores.
La designación de vanguardias se aplica en la Europa de los primeros años de la guerra, principalmente en Francia y Alemania, a una larga lista de “ismos” o movimientos artísticos, plásticos y literarios.
Tres son las corrientes principales, aquellas que aportaron más innovaciones y sobrevivieron más tiempo, produciendo representantes de destacada trayectoria, a saber: Cubismo, cuyo antecedente más lejano es el pintor Cézanne; Expresionismo, cuyo antecedente es la pintura de Van Gogh y el Surrealismo, cuyo antecedente remoto debe buscarse en la poesía de Rimbaud y Mallarmé.
A estos debemos sumarle otros movimientos que sin ser tan estructurados, contribuyeron con aportes teóricos que no pueden ser soslayados, aportes que sirvieron de escalón a los antes nombrados. Hablamos aquí del Dadaísmo y el Futurismo.

CUBISMO.

Junto con el Expresionismo es la primera vanguardia en manifestarse.
Entre 1900 y 1910 un grupo formado, a la vez, por pintores y poetas, y en el cual los jefes eran Guillaume Apollinaire, Pablo Picasso y Max Jacobs instauraban el Cubismo en pintura.
El Cubismo dirá: detrás de la realidad está la geometría. La realidad es la representación de una ley matemática y esa realidad no se agota en los sentidos sino en la ley matemática.
Picasso, el más sabio y vital de los artistas modernos pensaba que si no podíamos escapar de la naturaleza, como lo intentaban, sin lograrlo, algunos de sus predecesores y varios de sus contemporáneos, al menos podemos desfigurarla, destruirla.
Ellos encontraban, al mismo tiempo, en poesía ese deseo de traspasar las apariencias para alcanzar la realidad que el primer Simbolismo había dejado desvanecer.
Con Apollinaire la poesía es descubierta nuevamente. La teoría es la misma que en Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé, pero menos violenta:
  • En primer lugar una extrema atención al mundo exterior.
  • El poeta no menosprecia ningún movimiento de la naturaleza y su espíritu persigue el descubrimiento, ya sea en los sistemas más vastos e inaccesibles (multitudes, nebulosas, océanos, naciones) como en los hechos, en apariencia más simples: “una mano que escarba un bolsillo, un fósforo que se enciende porque se lo frota, los gritos de los animales, el olor de los jardines después de la lluvia, una llama que nace en el hogar”. (Apollinaire: El espíritu nuevo ).
  • Además de captar los pequeños acontecimientos del mundo, los más significativos, es necesario también remitirse al inconsciente.
  • Entre el mundo interior y el exterior hay un nexo: la imaginación. “El dominio más rico, el menos conocido, aquel en el cual el entendimiento es infinito, será la imaginación. No es extraño que, particularmente, se haya reservado el nombre de poeta a aquellos que buscan las alegrías nuevas que jalonan los enormes espacios imaginativos” dice Apollinaire.
  • En esas búsquedas no es lo absoluto lo que encuentran. Es el arte lo mejor de un encuentro.
  • Surge una pléyade de poetas que aceptan agradar más que desconcertar. La ironía, la gracia, lo pintoresco reemplazan el descubrimiento de mundos nuevos pero fuera del alcance del hombre. Su principal aportación fue su facilidad para crear una atmósfera nueva a partir de lo cotidiano, de lo trivial.
  • Incorporan el azar como elemento no sólo integrante, sino conformador de ese misterio. 
  • Supresión de los signos de puntuación para dejar constancia de que el ritmo lo marca el poema hasta el punto de ser innecesaria cualquier representación gráfica.
  • Apollinaire inventó lo que él llamaba una lírica “simultaneísta” confiada por partes iguales en la inteligencia y en la intuición; por eso siguió respetando una idea que actuase como centro, aunque por lo demás ignorase normas lingüísticas y ortográficas, superpusiera sensaciones y pensamientos y dispusiese caprichosamente la tipografía, combinando líneas, tipos y tamaños de letra. (Las composiciones poéticas de este tipo se llamaron “caligramas"). Se atiende así a los aspectos visuales. El caso extremo de imbricación entre pintura y poesía los constituyen los “caligramas” en los que las letras del texto forman un dibujo alusivo a su contenido. Este acercamiento de la poesía a la pintura queda así como el aporte más significativo de esta corriente.

"Mujer con sombrero". (caligrama) Guillaume Apollinaire. 1915.


"El caballo". (caligrama). G. Apollinaire. 1918.


"La mariposa" (caligrama). G. Apollinaire.



"Las señoritas de Avignon". Pablo Picasso. 1907. Periodo protocubista o africano.

"Guernica". Pablo Picasso. 1937. Periodo cubista.

EXPRESIONISMO.

Entre los años 1910 a 1925 aproximadamente, la literatura alemana estuvo dominada por el Expresionismo, nombre bajo el cual se conoce un movimiento artístico de difícil caracterización. El término había surgido entre los pintores opuestos al Impresionismo. Su antecedente primario estaría en el pintor Van Gogh.
Ya en 1906 varios pintores se habían asociado en Dresde fundando el grupo Die Brüke (El puente).Sus cuadros son una galería de seres deformados, toscamente ridiculizados pues pensaban que el hombre esconde, detrás de sus rasgos grotescos, la vida de los instintos y la barbarie.
En el terreno literario fue la última forma en que pudieron expresar su disconformidad con una sociedad postindustrial en franca decadencia; fue, por tanto, un último grito de rebeldía del espíritu romántico, prácticamente agotado en Alemania. Su primer órgano editorial fue bautizado Der Sturm (La tempestad) en recuerdo del Sturm und Drang que, como ya hemos estudiado, constituyó el arranque del Romanticismo en Europa.
Tenían una actitud rebelde, discordante y revolucionaria y creían pertenecer a una élite intelectual a la que seguía negándosele la posibilidad de transformar el mundo. Sus notas fundamentales son: el rechazo de una sociedad en descomposición, decrépita y ruinosa y los sentimientos de desesperación, absurdo u horror que, ante esta situación invaden al artista (cuya mejor expresión gráfica la tenemos en el famoso lienzo de Edvard Munch titulado “El grito”).
Sostenían que:
  • El arte tenía que ser una exteriorización, una recreación del “yo” del artista, por tanto, no había más belleza que la surgida del interior del sujeto ni más norma que la que éste quisiera imponerse -si es que quería imponerse alguna- en aras de la expresividad, verdadera piedra de toque del idealismo expresionista.
  • Toda vivencia es consustancialmente bella; al arte le corresponde escarbar en el yo, en su experiencia intransferible y única, para descubrir en su interior la belleza de su verdad.
  • Expresan la intuición de un objeto colocándose dentro del mismo con simpatía y empatía, es decir, buscan la fusión emotiva con el objeto, tratando de proyectar en ese objeto la emoción de quien lo mira. El objeto es, en parte, psicológico.
  • Culto a lo horrendo y lo repugnante que supera la morbosidad decadente para intentar ser una real indagación en el inconsciente humano. Junto a las doctrinas marxistas en el terreno sociopolítico el método psicoanalítico de Freud se convierte en el medio idóneo para el acercamiento a una radical transformación del ser humano, las artes y toda la realidad en su conjunto.
  • Fueron consustancialmente antirrealistas, pues el no sometimiento a una realidad indeseable y la ruptura de toda lógica hacían posible la aspiración a un nuevo mundo. Fueron, además, antiburgueses, antiesteticistas, anticonvencionales, irracionalistas, patéticos; cultivaban un sentido trágico de la existencia.
  • En literatura no buscan la perfección formal sino la liberación de tensiones afectivas que se expresan a través de un lenguaje áspero y en oníricas imágenes visuales. En este sentido podemos verlos como cercanos a los simbolistas pues expresan contenidos subjetivos a través de imágenes concretas. En poesía se basan en la disonancia del verso y en la captación de una realidad pesadillezca donde reinan el absurdo y la violencia.
Los temas favoritos del Expresionismo son:
  • El desequilibrio humano que refleja la vida de la ciudad. En ella vaga un aire de locura y terribles monstruos acechan a sus víctimas, sean inocentes o culpables. (Estos aspectos se ven claramente en el excelente cine expresionista alemán).
  • La muerte es un poderoso estímulo poético ya que el movimiento nació bajo el signo trágico de la destrucción.
  • Lo religioso volvió a hacerse oir. Esta generación con vivencia de desamparo trató de buscar un refugio seguro e inatacable; este refugio fue Dios.
"El grito". Edvard Munch. 1893.


"El beso". Gustav Klimt. 1908.


DADAÍSMO.

A Francia, y en concreto a París, hay que reconocerle un lugar de primacía en la configuración de la Vanguardia europea. Allí se dieron cita los mejores representantes de la cultura de la época, haciendo posible, franceses y extranjeros, un clima de intercambio y convivencia artística cuyos frutos quedaron marcados por la impronta del arte nuevo.
Un lugar de excepción entre los autores de este fructífero grupo lo ocupa el rumano Tristan Tzara (1896-1963), quien en 1918, con el Primer manifiesto Dada vino a dar cuerpo en París al movimiento “dadaísta” (a este primer texto le seguirán seis más, y todos ellos serían publicados conjuntamente en 1924 una vez extinguido el movimiento, no sin haber fecundado antes el Surrealismo).
“Dada” había nacido pocos años antes en Zurich en plena Gran Guerra; el término que designa el movimiento lo había encontrado Tzara al azar en el diccionario, así que lo de menos es su significado, su intención radicaba justamente en esa arbitrariedad, de la cual nace la característica más marcada del Dadaísmo: su total escepticismo, derivado en buena parte del Expresionismo germano.
Las características más notorias son:
  • El afirmar que detrás de la realidad está la nada, no existe nada. Dada es la negación absoluta, un desesperado grito de rebeldía nihilista lanzado a la Europa arrasada por la guerra.
  • Practicaron un radical relativismo artístico: su antirracionalismo convencido admitía la fusión de contrarios.
  • Rechazaba toda verdad o falsedad artística y, en general, ponía en entredicho la utilidad o inutilidad de la cultura al tal punto de alcanzar hasta la base misma de la comunicación humana: el lenguaje.
  • Practicaron un anarquismo radical, vital e integral, y la propuesta de una destrucción total de la que sólo se salvaría lo auténtico. Lo “bruto” es una de las características más acusadas. “Destruyamos todo -decía Tzara- y veamos lo que queda: ésa será la verdadera realidad, que ninguna organización vendrá a falsear”. Las raíces de este pensamiento están en el psicoanálisis, a través del cual se afirmó la existencia de una realidad mucho más “real”, por su autenticidad y profundidad, que la cotidiana.
  • Como consecuencia de lo anterior proponen la improvisación y el automatismo mental.
  • Confían en la necesidad de la destrucción de todas las estéticas y de todos los valores morales y sociales del mundo burgués, al cual rechazan. Estaban en guerra contra la guerra y contra la civilización que la había provocado y permitido. Por ello se volcó a lo absurdo, a lo primitivo, a lo elemental.
  • Ese estado mental y espiritual basado en la anarquía se aplicó a todo con total libertad y eso los llevó a caer en contradicciones que determinaron su corta vida de seis o siete años pero ya estaba anunciando la revolución surrealista, que sería la más perdurable e influyente de las Vanguardias.
El término arte encontrado, más comúnmente objeto encontrado (en francés “objet trouvé”, en inglés Ready Made) o confeccionado— fue utilizado por primera vez por Marcel Duchamp, para designar los objetos del entorno (un botellero metálico, un urinario, una rueda de bicicleta sobre un taburete de cocina, etc.), carentes de valor artístico en sí mismos, pero que al ser presentados fuera de su contexto habitual adquieren un sentido distinto, cuestionando el concepto tradicional del arte y recabando para ellos el sentido de objetos artístico.

(Ready made). Marcel Duchamp. "La fuente". 1917.

(Ready made). Marcel Duchamp. "Rueda de bicicleta".


"Recorte con el cuchillo de cocina". Hannah Höch. 1919. (fotomontaje).




FUTURISMO.

En Italia, la raíz del movimiento vanguardista fue el Futurismo, que de manera temprana viene a poner remate al “fin de siglo” pues la cultura burguesa italiana había entrado definitivamente en crisis algo más temprano que en el resto de Europa. El movimiento surge como tal en París en 1909 con un primer manifiesto pero el año más importante fue 1912 cuando Marinetti expone su Manifiesto técnico del Movimiento Futurista en Italia. Su difusión se realizó a través de esos manifiestos muy espontáneos, inflamados y visionarios. En ellos no existe una reflexión profunda, detalladamente analítica y académicamente expuesta de los principios del nuevo arte: la nueva cultura vanguardista nace al calor de la discusión, del apasionamiento y de la movilidad del mundo moderno; niega la objetividad, exacerba la subjetividad y rechaza el sentido común.
El Futurismo italiano nació de una exaltación de las formas materiales del progreso, pensando sus representantes que su tiempo y ellos mismos eran ya el futuro.
Sus características más notorias son:
  • Los futuristas dicen: detrás de la realidad está el movimiento.
  • No rechazaron a la burguesía ni al burguesismo, sino al burgués italiano anclado en formas contrarias al verdadero progreso.
  • Hicieron de la gran ciudad, de la electricidad, del automóvil y del aeroplano los símbolos de una nueva era imaginada como mejor y más justa.
  • Pretendían cantar al “amor al peligro”, al hábito de la energía y a la temeridad. Exaltan el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de carrera, el salto mortal. La literatura hasta ese momento -según ellos- había exaltado la inmovilidad del pensamiento, el éxtasis y el sueño.
  • La exaltación de tales formas los llevó a legitimar y defender el progreso nacional en una época en que Italia estaba estrenándose como nación (Italia había logrado su unidad en 1870), por eso apoyaron y ensalzaron la guerra, el colonialismo y la violencia razonable. Así fue dando cuerpo a una ideología asociada a una propuesta de régimen autoritario. De buena parte de estas intenciones intentaría revestirse el fascismo al que el Futurismo estuvo vinculado de muy diversas formas. Sin embargo, como todo autoritarismo, el fascismo no respondió a las expectativas de los futuristas.
  • Reconocen una belleza nueva en la belleza de la velocidad: “Un automóvil de carrera rugiente que parece correr sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia”.
  • La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas innatas para reducirlas y postrarlas delante del hombre.
  • Glorifican la guerra considerándola la única higiene del mundo. Exaltan el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor, las bellas ideas por las que se muere y el desprecio a la mujer.
  • Quieren destruir los museos y la bibliotecas, las academias de toda especie y combatir el moralismo, el feminismo y todo movimiento oportunista o utilitario.

U. Boccioni. "Formas únicas de continuidad en el espacio". 1913.


Luigi Russolo. "Dinamismo de un automóvil". 1912.


SURREALISMO.

Este movimiento ocupa un lugar de honor como el más rico y complejo, como el más influyente a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo. También es considerado como el remate inigualable de la cultura, las artes y el pensamiento de toda la época. Su periodo de apogeo se da entre 1924 y 1928.
Como última fase de la vanguardia europea, el Surrealismo nace del seno mismo de la ideología contemporánea y constituye el último eslabón del Romanticismo europeo, (no en vano, sus maestros fueron los poetas finiseculares -Baudelaire y Rimbaud fundamentalmente- y románticos “visionarios” como William Blake o Geral de Nerval). Estuvo hondamente marcado por las repercusiones culturales y espirituales de la Primera Guerra mundial e intentó ser una respuesta a la crisis que tenía planteada el mundo contemporáneo.
Su centro fue París y su principal representante André Breton, no tanto por su obra literaria sino por su papel en la conformación de la teoría surrealista, en la cohesión del grupo y en la creación de sus órganos de difusión. A él se debe la publicación de los dos Manifiestos surrealistas (de 1924 y 1930).
En el primero de esos manifiestos se define al Surrealismo como: “Automatismo psíquico puro por el cual nos proponemos expresar, sea verbalmente, sea por escrito, sea de otra manera, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral”.
Nada de esta definición autoriza a reducir al Surrealismo a una escuela literaria. Se manifiesta, al contrario, como una empresa del conocimiento de la cual está fijado el método (el automatismo psíquico), la meta lejana (expresión del funcionamiento real del pensamiento) y los postulados filosóficos (privilegio reconocido para ciertas formas de asociaciones, para el sueño, para el despliegue de un pensamiento desligado de todo afán pragmático). Tal vez una de las palabras clave de esta definición sea el adjetivo “real”. La idea es que todas las descripciones de ese pensamiento presentadas hasta el momento eran irreales, disfrazaban la realidad.
En 1922 Breton anuncia que el Surrealismo se caracteriza por recurrir a tres técnicas: a) un cierto automatismo psíquico que corresponde muy bien al estado de sueño; b) los relatos de los sueños y c) las experiencias del sueño hipnótico. Estas técnicas precedieron a la práctica de la escritura automática.
La principales características del movimiento son:
  • Afirman que detrás de la realidad está el sueño.
  • Son fuertemente materialistas y superan mediante la dialéctica marxista y del psicoanálisis el individualismo y el leve esoterismo seudorreligioso heredados del Romanticismo y del Posromanticismo.
  • Pretenden, mediante la exploración en el inconsciente, hacer surgir una nueva realidad que aboliese la cotidiana con la que no están conformes.
  • Practican el automatismo (cosa que ya habían hecho otros escritores en el pasado desde Göethe), pero la gran novedad está en que advirtieron que permanentemente se forma en el secreto del subconsciente un lenguaje al que era suficiente prestar atención para registrarlo en todo momento. El lenguaje consciente no era más que una máscara que disimulaba el flujo del pensamiento más íntimo y lo reprimía.
  • Se debe permitir que el lenguaje hable en uno mismo sin tratar de orientarlo de ningún modo, confiar la escritura a un dictado interior, colocar al espíritu en el estado más pasivo o receptivo. Esto supone que uno sea capaz de abstraerse radicalmente del mundo cotidiano, de abandonar todas las preocupaciones habituales del espíritu. En esto consiste la escritura automática.
Fragmento de "Cadáver exquisito" de André Breton en Manifiesto surrealista.


"Persistencia de la memoria". Salvador Dalí. 1931.

"Interior holandés". Joan Miró. 1928.